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Archivos de: Junio 2008

La Barra De Labios

por Albhatan @ 2008-06-04 - 19:55:01
Oleo "Niña con perro" - ChusPérez De Castro

“Ven “pacá”, niña, que te voy a arreglar, que vamos a ir al bautizo del niño de la mujer de Baldomero”, me dice mi madre mientras andaba calentando agua para llenar el baño donde iba a bañarme. Me bañaba en un baño de zinc, igual que nos bañábamos todos los que vivíamos en aquella época, porque entonces no existían los cuartos de baño o de aseos como ahora. Entonces el cuarto de aseo contenía tan sólo el lavabo, y el wc se encontraba en otra dependencia de la casa más alejada, y además sin cisterna, que le tenías que echar el agua con un cubo, que primero tenías que sacar del pozo.

Mi hermana ya estaba bañada y vestida, porque como era la más pequeña, pos gozaba de esos privilegios, y la tenía mi madre sentadita en el silloncito para que no se moviera ni se estropeara, aunque no creo que lo hubiera hecho. Ya he dicho en otra ocasión que mi hermana era la “versión buena” y yo la “versión mala”.

Bueno, pos en eso andaba mi madre mientras yo me entretenía en cortar las hojas de los alhelíes morados de las macetas de mi abuela. Cortaba muchas hojas de las flores y luego me las restregaba entre las manos y me las teñía de morado. “Como los nazarenos”, decía yo, refiriéndome a los guantes que llevaban los nazarenos de El Cautivo.

“Venga niña, deja eso que mira como te estás poniendo, puñetera, que ya está el baño preparado”. Y dicho y hecho me metió en el baño de agua caliente y me dejó más limpia que los chorros del oro. Luego me vistió con una batita (vestidito), de tela blanca como la nácar, y perforada con adornos de organdí, también blanco.  Pa rematar la faena me peinó los rizos negros y me adornó la cabeza con un lazo igualmente blanco.

“Eha, mira que requetepreciosa estás. Siéntate en la mecedora de la abuela y quédate “mu” quietecina “pa” no ensuciarte, que ahora me voy a arreglar yo, que hay que ver la hora que es y tu padre ya tiene que venir de vuelta del bar “Los Cuatro Caminos” de tomarse el café, y nos va a encontrar sin arreglar."

Y se puso mi madre a engalanarse mientras yo la miraba desde la mecedora de mi abuela.

Mi madre, la muy puñetera, era guapa de verdad, así que no le hacía falta maquillarse para estar guapa, además, ni aunque le hiciera falta. Entonces no había casi ni maquillajes y mucho menos dinero para comprarlo. Ahora eso sí, a ella no le faltaba nunca su cajita de crema “Bella Aurora”, su caja de polvos “Maderas de Oriente” y su barrita de labios, que no me acuerdo la marca, que si me acordara ya sería mucho acordarse, porque así, entre nosotros, esto que estoy contando ocurrió cuando yo tenía tres años, y juro que lo recuerdo como si fuera ayer. Ya ves, si es que a los niños se les queda todo grabado.

Pos mi madre, tan solamente a falta de ponerse el vestido, que eso lo dejaba pa lo último, se puso a peinarse y a pintarse los labios mirándose en un espejito que tenía colgado en una puntilla en el patio. Yo la observaba desde la mecedora. Entonces ella sacó la barrita de labios y se los pintó de un rojo muy intenso, que era como se llevaba entonces, y yo no sé lo que se me infundía a mí aquél color, que hubiera dado lo que fuera por tenerlo.  Luego dejó la bolsita con “sus cosas” en una silla y se fue al dormitorio para vestirse.

El entrar ella en el dormitorio y saltar yo de la mecedora fue todo en uno. Me fui flechada para la bolsita y me apoderé de la barrita de labios, que lo primero que hizo al sacarla fue partirse y me quedé con la barra en la mano. Luego me fui al cuarto de aseo y me agaché en un rincón para que no me vieran y allí comencé mi sesión de maquillaje.

Ni que decir tiene que intentaba pintarme los labios y no atinaba mucho porque no tenía espejo, así que por lo visto me pintarrajeé toda la cara. Como la barra estaba partida y no tenía soporte, también me llené todas las manos, y para que mi madre no me viera las manos manchadas, me las limpié en el vestido.

Luego salí para el patio de nuevo, y me acerqué a mi hermana para ponerle el chupete. Me llenó las manos de babas y yo me las limpié en su vestido.

Y me volví a sentar en la mecedora.

Al poco salió mi madre ya vestida y arreglada (guapísima), pero al momento parecía que había visto al demonio. Mi hermana y yo teníamos los vestidos todos manchados de rojo, y además yo también la cara y el lazo.

“Ay ay ay Dios mio” – gritaba mi madre – por Dios Bendito que has hecho “bajuna”, si mira como “tas puesto toa” y mira, mira la batita de tu hermana. Dolores, Dolores –llamaba a mi abuela- “mirusté” lo que ha hecho la niña. Valiente niña mala que eres. Esta noche seguro que viene el demonio y te lleva, y sino la bruja del pozo, que como se entere, te mete en la cubeta y te baja al fondo”

Yo lloraba mucho, pero mi madre también, creo yo que de la impotencia, porque lo cierto era que vestiditos de salir tan sólo teníamos uno. La cosa no daba pa más.

Mi abuela intentaba quitarle hierro al asunto con eso de “no te pongas así mujer, que cosas peores pasan”, o “no te sofoques que es una niña…” pero a mi madre el sofocón no se le bajaba.

Tuvo que llegar mi padre y poner orden y paz, tranquilizar a mi madre y reirse cuando me vio.

Mi padre no me riñó. Mi padre me dio un beso.


 
 

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