Esta mañana, y bien tempranito además, salí de casa para comprar unas cosillas en el Covirán. Mira tú si era temprano que abren a las 9 y tuve que estar un rato en la puerta esperando que abrieran. El Covirán es un supermercado de barrio, que aunque no está en mi zona (en mi zona está prohibido cualquier local comercial sea del tipo que sea, y no se a quién se le ocurrió esa idea, que a mí bien que me hace la puñeta), a mí me gusta ir, porque la gente que va allí es muy sanota y campechana, y ya que nos conocemos todos. Y además entre los mismos trabajadores son como una familia en la cual participamos todos los clientes.
Muchas veces me encuentro allí comprando a mi amiga La Bruja y siempre me dice alguna que otra cosilla premonitoria que ha tenido.
Es un supermercado pequeñito, pero mira, tiene de todo. Allí hay frutería y verdulería, carnicería, pescadería, panadería… además de todo lo que puedes encontrar en un supermercado. Y además, por ser un super de barrio, los precios son más baratos y siempre hay ofertas.
Yo ya los conozco a todos en demasía y con todos he trabado una pequeña amistad.
Está Manolo el pescadero, un hombre de cuarenta y pico de años, bajito, metidito en carnes, con gafas de montura negra y algo canoso. ¡Ah!, y con una prominente barriguita. Pero mira, aunque tiene buen pescado y variado, a la hora de despachar es una cosa mala. El tío tiene despachando unos coj… que se los pisa. Por Dios Bendito, si pa comprar un kilo de boquerones te tiras allí tres cuartos de hora. Ahora eso sí, el hombre es dicharachero y simpaticón. Hoy le compré un bacalao fresco que quita las “tapaeras del sentío”.
La carnicera es Encarnita, también metidita en carnes (y nunca mejor dicho), y además padece de artrosis en las cervicales, la pobre, siempre está liada con los relajantes musculares.
La cajera es una chavalita de poco menos de 20 años que se conoce que como es joven, pos eso, que hace su trabajo con mucha rapidez. A mí algunas veces me pone mala tanta actividad. Oye, que pasa los artículos por el scaner con una rapidez…, vamos, que no te da tiempo de meterlos en las bolsas. No has llegado a meter el primero y ya te está dando la cuenta, y tú tienes que entregarle el dinero por encima de la montaña de artículos allí acumulados, y hasta te pones nerviosa. Y no queda ahí la cosa, sino que te da el ticket y el cambio, así casi a voleo, y ya comienza a pasar los comestibles del cliente siguiente.
Uff que agobio.
A ésos les dice todo lo habido y por haber. Yo creo que se los comería si pudiera, porque la boca se le hace agua. Aunque últimamente está más serenito porque se ha echado un novio, y además dice que se ha presentado a una entrevista por si puede entrar en el Mercadona. Pena me va a dar a mí si se va.
Pos esta mañana cuando fui a comprar la fruta y la verdura (mira, me traje unos pimientitos verdes de esos “del terreno”, pa hacerlos fritos que vamos, estoy deseando que sea la hora de la cena pa comerlos), resulta que no estaba el Antonio, que por lo visto estaba desayunando, y la persona que lo sustituía era nueva, que dice que también lo va a sustituir en las vacaciones, y yo me quede de piedra, porque hacía años que no la veía. Era la sobrina de mi vecino Antonio, el del mulo que ataba a la ventana cuando yo era pequeña (ya contado sobre eso). Y nada, que me alegró de verla y le pregunté por sus tíos, que yo les había perdido la pista hace tiempo, y me dijo que ya hacía tiempo que habían muerto.
Mientras me atendía estuvimos recordando aquellos tiempos, y yo me fui luego pal Centro Comercial Los Alcores pa comprarme un par de vestidos y unos zapatos, y estuve todo el tiempo la mar de feliz.
Y es que es muy reconfortante encontrarse con gente que hace tiempo que no ves.
Sí señor, me gusta el Covirán.












