Paris en la Niebla (el cuadro en cuestión)
Todo esto viene a colación referente a un cuadro que yo andaba buscando, un cuadro que para más INRI, ni sabía quién lo había pintado ni en qué época, ni como se llamaba, ni recordaba dónde lo había visto. Ni siquiera era demasiado nítida la imagen que mi mente guardaba de él. Tan sólo una cosa tenía clara: ese cuadro me impresionó. Ya no sólo el cuadro en sí, sino la estampa, porque me resultaba tan extrañamente familiar que yo, dada a fantasear más de la cuenta y a creer en lo que otros no creen (y por supuesto que no me refiero a dios, que este tema es a la inversa), pues llegue a pensar, y sigo pensando, que yo he estado allí, en ese lugar y en esa fecha, y lo digo aún a sabiendas de que más de uno puede romper en carcajadas.
Creo que ya lo describí en otro post que colgué ( y de paso quiero dar las gracias a aquellos amigos que se preocuparon de enviarme enlaces que me podían ayudar en mi búsqueda, pero desgraciadamente no dieron resultado) por si alguien sabía a qué pintor me refería.
Ni te digo el tiempo que me he pasado dándole vueltas al asunto. Buscando por todos los lados. Me repasé enterita la colección de libros “Maestros de La Pintura” y la “Historia del Arte”, que son 10 tomos cada uno y lo que eso conlleva, porque resulta que como son de grandes dimensiones, pues los tengo colocados en la parte más alta del mueble-librería que está en el salón de mi casa. Así que,
(venga P… tráeme la escalera que no alcanzo, y allí que viene el P… con la escalera y la coloca y se queda esperando. Que qué espera le digo yo, y el dice que a que yo termine pa llevársela. Pos de eso nada monada, anda y déjala aquí que ésto tiene pa largo, vamos puede que hasta semanas).
Y el p… se va y deja la escalera en medio del salón (que dicho sea de paso todos tropezaban con ella), y yo, no te digo ná. Cada vez que tenía un rato, escalera parriba, cojo un libro y escalera pabajo. Y después de una semana larga, pues tó pa ná, porque no lo encontré. Al menos en esas colecciones no estaba (joder con lo que me costaron monetariamente).
Pero mira que precisamente ayer, buscando oleos en google para escoger uno y ponerlo en el blog de Hebrea, así, y como por arte de magia, que te crees que me aparece en primer lugar, pues sí, ése, el que yo buscaba durante tanto tiempo.
Vamos, que no me lo podía creer. Una barbaridad me parecía que se me apareciera así de repente, y sobre todo, cuando yo menos lo esperaba. Tengo que reconocer que me puse muy pero que muy contenta. Ya ves tú por qué insignificancias puede una alegrarse, habiendo tantas cosas inalcanzables en la vida y que te podrían hacer feliz. Pues no, yo en esos momentos no necesitaba nada porque había encontrado el cuadro.
Dicen que la felicidad dura lo mismo que una pompa de jabón, así que nada, a disfrutar de ese encuentro que para mí era la felicidad, antes de que la pompa explotara.
Pues mira, resulta que el cuadro es de Alfredo Palmero de Gregorio (Maestro Palmero), ciudarealeño como nuestra amiga Maribel.
(Maribel, que orgullosa te deben sentir de tener un artista así por paisano).
Y para que no quede la cosa así sin explicaciones, ahí os dejo, para el que quiera leerlo un texto de la biografía del mencionado pintor, que es justo que los ignonantes como yo sepan de su arte, de su obra y de su existencia.
El texto lo he copiado de una página de internet que ya no me acuerdo como se llama, pero vamos, que lo digo para que se sepa que no soy yo la que lo he redactado, y que me perdone el autor por no acordarme de su nombvre, que no es mi intención figurar como algo mío lo que otros crearon.
Alfredo Palmero de Gregorio (1.901-1991) es unos de los grandes pintores de nuestro siglo, cuyo arte pictórico ha paseado por los cinco continentes. Sus famosos «Caballos de la Luna» y' elementos tauromáquicos han hecho de este magistral pintor un personaje mundialmente conocido.
De descendencia italiana -napolitana para más señas- nació en Almodóvar del Campo, Ciudad Real (España), y ya en su niñez manifiesta latentemente su impronta pictórica que habría de ser una constante en su dilatada y experimentada carrera artística.
A sus 14 años, en plena adolescencia, movido por la búsqueda de nuevos horizontes, toma contacto con la metrópoli, marchando a Madrid, donde ingresará más tarde en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Siendo algunos de sus profesores: Sorolla o Romero de Torres, e incluso de forma breve Valle lnclán como profesor de estética.
Imbuído en el ambiente de «bohemia capitalina», será asiduo de tertulias en conocidos cafés como «El Parnasillo», «La Fontana de Oro», y otros cuya nota predominante era su liberalidad e intelectualidad. Siendo contertulio de conocidos e importantes personajes como Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez, García Lorca, Manuel de Falla, etc.
Precisamente, son estos ambientes cafetinos los que plasmará en sus lienzos, perpetuando los ambientes y esplendor de cafés madrileños, parisinos, vieneses, barceloneses y de otras ciudades europeas. Su estancia en la ciudad de Madrid coincidirá con el lustro que va de 1915 a 1920. Período tras el cual recalará en la ciudad parisina atraído por la llegada de las nuevas tendencias pictóricas, como el dadaismo, y personajes como Apollinaire.
Este joven pintor almodovense consigue emocionar y conmover a diversas generaciones a través de sus pinturas del Folies Bergere, Pigalle, Montmatre, Montparnasse y otras tantas difundidas en la actualidad por multitud de países.
Su gran ambición por la adquisición de nuevos conocimientos, hace que países como Alemania, Italia y Bélgica también sean explorados por el Maestro Palmero. Precisamente es este último país uno de los que mayor reconocimiento ha demostrado hacia su obra. El continente americano y asiático también ha sido escenario de la misma.
Temas como La Mancha, con sus preciosos atardeceres rojos purpúreos dan la clave al pintor para la realización de cuadros como «Toros espantados», «Toros en el campo de Almodóvar»... Ahora bien, no son sólo los elementos taurinos los que reproduce con gran sobriedad, pues son sus famosos caballos los que han hecho de este pintor un personaje universal, elevándose a rango de máxima expresión sus impresionantes «Caballos de la Luna». Otros temas plasmados en la universal obra del Maestro Palmero han sido los referidos a ese inmortal personaje manchego que es El Quijote, o la galería de retratos de hijos ilustres de Almodóvar del Campo.Teatro Apolo de Madrid.
Y aquí os dejo una muestra de su pintura.
Teatro Apolo - Madrid
Rambla Santa Mónica - Barcelona
Teatro dde la Opera - paris
La Bolsa - París
La Madelen - París













