Dice mi madre que el chofer de la línea del microbús urbano que pasa por su casa la tiene tomada con ella y no se detiene para que ella pueda subirse.
¿Cómo va a ser eso “omaíta”? le decimos mis hermanas y yo.
“Que sí, que sí, que sí, que me tiene manía y no para pa que yo me suba, que ya me lo ha hecho unas cuantas de veces.”
Y nada, que no hay quien la haga bajarse del burro, que se ha empeñado que el pobre señor (que imagino que no será siempre el mismo, porque pa eso están los turnos laborales) la tiene ojeriza.
Ella tan solo toma el microbús para ir al centro de salud a que su médico Don Lorenzo le receta “las pastillitas” para el dolor de espalda, que a todos los demás sitio va andando.
Con decir que a las 8 de la mañana, y en invierno que estamos, saca todos los días a su perro Roki a pasear (dicho sea de paso es el octavo Roki que tiene, que a todos les pone el mismo nombre) y lo lleva al lado del parque al recinto de la feria, que ahora ni hay feria ni ná, y lo tiene allí más de una hora dándole paseos. Vamos, que mi madre se anda to los días al menos 4 kilómetros.
Como ya he dicho, a todos sitios va andando, aunque algunas veces para ir al hipermercado por una compra más voluminosa me pide que la lleve yo en el coche. O alguna de mis hermanas, que lo mismo es.
Bueno, pues el otro día, soplaba un viento del norte más frío que el interior del congelador de mi cocina, y va y me dice que tiene que ir a ver a Don Lorenzo. “que yo te llevo, le digo” “que disparate, ni pensarlo siquiera, que yo me pongo en la parada y me voy en el microbús” “que no, que hace mucho frío y puedes pillar un enfriamiento”
“si vamos, con la de zumos de naranja que yo me tomo en ayunas, y después la cucharadita de miel, y el zumo de zanahoria”.
Así está la puñetera, que parece que tiene 20 años menos, y si no fuera porque mis hermanas protestan si pongo fotos de ellas en internet, ponía una de mi madre para que vierais que lo que digo es bien cierto.
Bueno, a lo que iba, que no consintió que la llevara al centro de salud, así que se fue ella solita.
Cuando yo calculé que ya era hora de que hubiera vuelto la llamé por teléfono y antes de que yo le hablara me habló ella “¿qué te parece?, que el ….. del chófer no me ha parado hoy tampoco” Venga ya madre, que eso no puede ser.” “ Que sí, que se lo tengo dicho a ustedes (a mí y a mis hermanas), que ese tío me tiene manía, lo que pasa es que ustedes no me echáis cuenta pero es así”. Y yo callada dejándola hablar. “Así que me he tenido que ir andando y volver andando, con el frío que hace, que vamos, sabañones traigo en las manos y no te digo nada del pelo con el viento, fíjate tú, recién salida de la peluquería del Manolo, que fui ayer…”
Entonces yo le dije espérame en la puerta de tu casa que voy “payá”.
Cuando estacioné el auto allí estaba ella, entonces la llevé a dónde estaba la parada del microbús. “Anda – me dice – pero aquí no es.” “¿Cómo que no? ¿No estás viendo la señal.?” “Es que yo no me pongo aquí sino allí (100 metros más arriba).” “Entonces como quieres que el chofer te pare si no te pones donde te corresponde”.
Y vamos, que no me la llevé pa su casa dándole cachetes en el culo (como a los niños) porque es mi madre y porque yo no lo hago ni con mis hijos, que si no….
Ahora que le dije algunas cosillas “¿No te entra ná por el cuerpo echarle la culpa a un hombre inocente y decir que la tiene tomada contigo?” Y al final eras tú la equivocada”.
Y a continuación sus retahílas con las que sale siempre:
“Y yo como me iba a imaginar que la parada estaba más abajo, claro, yo ví un día a la Josefa “LaRufa” allí y me dijo que iba pal Centro de Salud, y claro, pos me pensé que aquella era la parada, aunque puede ser que La Rufa estuviera parada allí para entrar en casa de la Clemencia ¿verdad?, seguramente por eso me confundí….”
“Anda omaita que tienes más salidas que un torero…”
Y el pobre conductor sin enterarse de nada.
pd: La verdad es que quiero aclarar que mi madre no es Jilip… ni nada de eso, sino que ella es así, tiene a veces una inocencia infantil que la hacen llevar a cabo esos episodios que yo cuento. Vamos, tengo que reconocer que cada vez que “mete la pata”, mis hermanas y yo nos partimos de la risa, (ojo, que no de ella) porque la conocemos y sabemos que es así desde que la parió mi abuela. Pero claro, me da un poco de remordimiento contarlo aquí a modo de chiste, que hay quién puede pensar que la maltratamos por reírnos, pero nada de eso por dios, que tenemos a mi madre como una reina y más mimada que a un niño, amén de lo mucho que la queremos como es natural.
Siempre que escribo algo sobre ella lo imprimo y se lo doy, y ella después morirse de risa me dice “valiente joía porculo que estás tú hecha". Y perdón por la palabrota (eso lo digo yo, no ella).















