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Archivos de: Julio 2007

Basura

por Albhatan @ 2007-07-28 - 21:46:36

Mira que da coraje salir a tirar la basura al contenedor. Vamos, a mí es que me parte por la mitad. Y el contenedor residual no está en la misma puerta de tu casa, no, sino como a 200 metros. Y ahora tienes que ir cargada de bolsas: una con el cartón y el plástico, otra con el vidrio, otra con el aceite denso y pegajoso de la freidora oliendo a sabe dios qué, otra con el papel (periódicos, dominicales, revistas y todo el material propagandístico que te dejan en el buzón) y otra (ésta la peor) la de los desechos de cada día, o sea, la verdadera basura.
Yo solamente tengo dos manos, así que me he comprado un contenedor con ruedas para transportarlas al contenedor de la empresa de recogida de basuras.
Ahora sales a la calle con el contenedor haciendo más ruído que el despegue de un cohete espacial al transportarlo y todos los perros de los vecinos, hala, a ladrar.
Y es que oye, ladran como si los estuvieran matando. A mí es que me vuelven loca.
Luego llegas al contenedor y lo abres para tirar tu basura (si es que cabe porque siempre está hasta la bola) y te da una bocanada de olor agrio y denso que te tira de espaldas. Y tú nada, a sacar del tuyo bolsa a bolsa y colocarlas en donde corresponda.

Y encima con este calor que hace (casi 50 grados hoy).

Vamos, que me quedo muerta tan sólo de pensar que hoy toca tirar la basura.


 
 

Pura Candela

por Albhatan @ 2007-07-27 - 20:33:35

fuego

Pura candela es lo que cae del cielo en estos momentos.
Me enferma este calor agobiante. No sé como haya gente que le guste el verano, aunque claro, no en todos los lugares se alcanzan las temperaturas que se alcanzan aquí, en Sevilla. Vamos, que a esta hora, 20:14 p.m. el termómetro que tengo en el exterior de mi vivienda marca 42 grados. Y después de todo no me puedo quejar porque ha comenzado a soplar un poco de viento que tal vez a la noche se vuelva más fresco porque ahora, de verdad que parece viento del desierto. Un levante de esos de no te menees que te vuelve loca. Seguramente por eso me duele tanto la cabeza. Y es que no puede ser, todo el día “payá y pacá” y ahora, al caer la tarde que es cuando tengo un rato para relajarme pues nada, ni siquiera puedo salir fuera porque la bocanada de calor del exterior de hace caer de espaldas.

En fín, yo había venido a escribir sobre cuando mi madre metía la sandía en el pozo pero la verdad es que no tengo ganas. Me he tomado dos dolalgial para el dolor de cabeza y a ver si me pongo un poquito mejor y luego lo escribo, que si no, pues para otro día.

Y nada, solo decir que me dais envidia los que estáis al otro lado del charco disfrutando de un invierno de esos que a mí tanto me gustan y desearos buen fin de semana. (Lo del fin de semana va para todos, los del otro lado del charco y los de este).

Yo Te Maldigo

por Albhatan @ 2007-07-25 - 20:40:59


Ví luces en el cielo y yo, ilusa de mí, quise creer que eran tus ojos.

Y es que ese brillo plateado que refulgía en el tenue azul del atardecer semejaban  tus ojos cuando me miraban, niño, cuando tu corazón gitano palpitaba a la par que el mío y cuando nuestras almas serpenteaban juntas.

Pero que ilusa, niño, pensar que eran tus ojos.

Si tus ojos dejaron de mirarme hace ya tanto tiempo que ni recuerdo cuando.

Si tu corazón, niño, rechazó el latido del mío y buscó otro latido que lo acompasara.

Ilusa.

Entonces maldije ese cielo que ya se había vuelto negro, como mi esperanza; y  a los malditos luceros que me hicieron creer que eran tus ojos.

Y te maldije a ti, niño, por los “te quiero” pronunciados sobre mi boca, por tus penetrantes miradas y por tus caricias que desbocaban mi cuerpo, jaca embravecida entre tus brazos.

Si niño, te maldigo una y mil veces.

¡Maldito!.

Por qué me gustan los post de Alternativa

por Albhatan @ 2007-07-24 - 08:43:32


Fíjate que me gustan los post de Alternativa.
¿Y sabes por qué me gustan? Pues me gustan, primero porque los temas que trae pasan por ser objetivos y de alguna forma intelectuales, y segundo porque me hacen pensar y aprender.
Lo que pasa es que yo creo que no sé todo lo que debiera, que aún me queda mucho por aprender, que hay cosas que se me escapan porque claro, una no puede querer abarcarlo todo, entonces, cuando leo algún post suyo de esos que ella cuelga algo más profundos, me doy cuenta que hay cosas en él que se me escapan, que desconozco y eso hace que me ponga las pilas.
Analizo minuciosamente sus palabras y sus frases, y si algo ignoro o no comprendo, pues nada, me meto en internet a buscar sobre el tema. Una página me lleva a otra y a otra, al final termino con algo que nada tiene que ver con lo publicado por ella, pero ya me siento segura con respecto a su tema expuesto y capacitada para comentarlo.
Y es que en realidad me considero una ignorante de tantas cosas…..
Por eso agradezco que personas como ella nos traigan temas interesantes a esta blogosfera, porque, al menos a mí, me hacen aprender.

Pues nada, dicho lo dicho ahora me voy a preparar un cafetito y a leer durante media hora un libro que me tiene enganchada: “21 de Julio de 1.936, Historia de una venganza”. Y después a preparar los desayunos y los cola-caos y emprender la rutina de cada día, reprender porque me dejan todo por medio hecho un caos, por dejar el lavabo salpicado de pasta de dientes, por tirar la basura fuera del recipiente…. en fín, por todo.

Pero una cosa oye, cantando; todo lo hago cantando.

La Nati

por Albhatan @ 2007-07-20 - 19:46:13


Yo no sé por qué mi padre le tenía tanta “tirria” a La Nati. Que no la podía ver, oye. Natividad García se llamaba pero en toda la calle y la vecindad era conocida por “La Nati”. La Nati era… a ver como lo diría yo, pues una mujer así como un poquito metomentodo. Vamos, un pelín peligrosa, pero eso sí, solidaria a más no poder y muy servicial toda ella, pero claro, luego lo estropeaba todo con eso de los dimes y diretes que se traía entre manos.

La Nati andaría por aquél entonces ya pasada la treintena y era una mujer obesa, muy obesa, con una voz potente y tosca que cuando te pedía un favor parecía que te estaba echando la bronca. Dos hijos tenía, una hija de 7 y un hijo de dos, ambos igual de obesos que ella. Y un marido. Pero el marido era como si no lo tuviera porque era hombre de campo (su familia poseía terrenos hortícolas que trabajaban ellos mismos), así que salía de su casa a las 5 a.m. y no regresaba hasta pasada las 12 de la noche. Como no tenían coche ni moto ni nada, pues el hombre se hacía diariamente el trayecto de ida y vuelta (8 km.) en bicicleta. Llegaba a su casa, se lavaba la cara y los pies nada más, pues decía que el baño era solo para los domingos, y La Nati le ponía por delante un buen plato de puchero con su yerbabuena incorporada y el tocino y el jarrete de cerdo de la “pringá,” de segundo plato. Y de postre pues eso, el melón o la fruta correspondiente que el traía de la huerta. Y nada, a dormir. Yo me imagino que antes de dormir harían alguna que otra cosilla, digo yo, vamos que eran jóvenes, pero no sé. La hija dormía a los pies  de la cama de matrimonio, entre los dos, y el niño en su cuna a pesar de que ya casi ni cabía. Es que eran otros tiempos y el status de vida no era el de hoy. Personas humildes en un entorno humilde.

Mis padres siempre terminaban de bronca por causa de La Nati, Y es que mi padre no quería encontrarla en casa al llegar del trabajo. Y mira que mi madre de lo decía: “que mira Nati, que este hombre (por mi padre) es muy raro y no quiere a nadie en casa cuando llega”, pero La Nati, nada, como si le hablaras a la pared. Así que cuando se iba a su casa pues mi padre ya estaba que se subía por las paredes, y eso que mi padre era (mejorando a los presentes que lean esto) la mejor persona del mundo, y no es que lo diga yo que soy su hija, es que es así.

Como La Nati se pasaba el día de casa en casa contado lo que pasaba en la que había estado antes y así sucesivamente, pues la verdad, como que no era muy bien avenida porque claro, a nadie le gusta que lo que pase en tu casa sea la comidilla de todo el vecindario.

Pero era buena La Nati. Nos reunía a todos los chiquillos de la calle y nos sentaba a la puerta de su casa a jugar al “veo-veo” o a “las prendas”. Nos quería mucho.

Un día a La Nati le dio una subida de azúcar y a partir de ahí ya fue en picado, vamos, que no se volvió a recuperar ni a ser la que era antes. Yo la veía triste, apagada, aunque desde luego la diabetes no le quitó las ganas de seguir con sus critiqueos de vecinos.
A veces se quedaba pensativa en la ventana mirando la calle. Yo no sé que pasaría por sus adentros. Somos las personas a veces tan reservadas a pesar de tener un carácter abierto, que cualquiera sabe lo que pasaba por su cabeza. Imagino que se sentía sola.
Su marido estaba más tiempo fuera que dentro, las vecinas como que la esquivaban un poco… Triste debía sentirse La Nati en su interior.

Pasó muchos años con la enfermedad y ya por aquél entonces mi padre permitía que estuviera alguna vez que otra en nuestra casa, aunque eso sí, seguía sin caerle bien. No había empatía entre ellos.
Decía La Nati a mi padre (las veces en que coincidía) “Ay Alfredo, que rápida se pasa la vida. Fíjate, yo ya tengo un pie aquí y el otro en el otro Barrio”.

Pero resulta que mi padre puso los dos pies en el “otro Barrio” antes que ella. Ella asistió a su funeral y nos abrazó y dijo todas esas palabras de consuelo que se suelen decir en estos casos pero que para nada te quitan el dolor.

Veinte días después murió La Nati. La enterraron justo al lado de mi padre. Ironías de la vida. El no la quería cerca y ahora está con ella para toda la eternidad.

Imagino que si están en esa dimensión que dicen que hay en la que todo es amor y fraternidad, pues habrán hecho amistad entre los dos.

Es lo que deseo de corazón.

 

El Regreso

por Albhatan @ 2007-07-18 - 21:38:25

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Recién llego de las vacaciones y me he pasado toda la tarde dando viajitos al frigorífico flechada a coger la botella de agua fresquita y empinármela. Y es que hace un calor que derrite hasta el mármol oye. Nada, que ya quedó atrás esos paseítos por la blanca arena de la playa y esos momentos sublimes en los que te parece alearte con el sol cuando se esconde.

No es que a mí me guste mucho la playa, no, prefiero la montaña y el verdor que emana de ella, pero claro, las vacaciones no pueden ser a gusto de uno solo y como en este caso somos más de uno, pues eso, a la playa. Aunque también disfruto, vaya. Eso de salir por la noche a tomar una cervecita fresquita, con tu tapita de tortillitas de camarones o de ortiguillas fritas… vamos eso es que no lo perdono. Claro que luego la tripilla se resiente y se engorda pero que más da. A estas alturas ya he lucido todo lo que tenía que lucir y cuando lo podía lucir, así que si la barriga engorda y no es porque esté rellena de niño, pues a aguantar y a lo hecho pecho.

Pero que a gusto dormía yo por las noches. Mira, la ventana abierta pa que entrara el airecillo salado y se escuchara el rumor del mar, ya sabes, el sonido que hacen las olas cuando agonizan en la orilla y la dejan toda blanca y espumosa, como encajes de los que hace mi madre, cuando retroceden. Y yo tumbada boca arriba mirando el cielo estrellado, un cielo inmenso y oscuro, denso de estrellas y puntos brillantes. Y allá a lo lejos, la luz intermitente del faro avisando a los barcos de su cercanía. Como que me daban ganas de tomarme un café pa no dormirme y disfrutar toda la noche de esa paz y tranquilidad, y sobre todo de esa maravilla de la naturaleza.

Pero bueno, aquí estamos de nuevo, repasando blogs y poniéndome al día.

 

Creo que voy a abrir uno nuevo anunciándome como cocinera porque he visto que los fontaneros y los antenistas andan por el Top Tag, y como a mí me gusta mucho la cocina…pues quién sabe, igual hasta me saco unas perrillas.

 

Y es que hay gente “pa tó”.

Mi primer jefe

por Albhatan @ 2007-07-02 - 19:52:12

El primer jefe que tuve ni era jefe ni era nada. Vamos, que era una de esas personas insulsas y apáticas, sin pretenciones ni perspectivas en la vida. Era un “niño de papá”, un “pijillo” de rancio abolengo con antepasados de renombrado prestigio en la ciudad pero que no llegaban a ser de la aristocracia y que en los últimos tiempos parecía que se encontraban venidos a menos. Miguel se llamaba. Miguel Escacena Campos, de los Escacena de toda la vida.
Miguel resulta que en el momento en que yo lo conocí y comencé a trabajar con él tenía 30 años. Como yo era 12 años menor, pues él me parecía viejo y como su carácter era por demás añejo y carente de vitalidad, pues se me antojaba más viejo aún.
Todo comenzó cuando recién terminados mis estudios de administración mi madre se enfermó y tuvo que ser hospitalizada y, cosas de la vida, mi padre perdió su trabajo por cierre de la empresa. Mi hogar quedó hecho un caos económico y moral, pues mi madre, debido a su enfermedad tampoco estaba capacitada para trabajar, al menos de momento.
Así que mientras mi madre se recuperaba y mi padre localizaba un nuevo trabajo, comencé a trabajar yo. Lo hice por mediación de una amiga que trabajaba en una empresa de electrodomésticos Siemens. Y las cosas, que si habló con sus jefes, que si presentó mi currículo en recursos humanos, que si tal o que si cual, la cosa fue que el abogado de la empresa tuvo conocimiento del caso y me opositó a un puesto que él ofrecía y que por suerte obtuve entre otros candidatos, ya no sé si por mis aptitudes o por influencia de mi amiga.
El puesto en cuestión era de administrativa en un comercio de electrodomésticos también de la marca Siemens que el mencionado señor acababa de inaugurar. Y al frente de éste estaba su hermano Miguel, mi jefe.
Pues resultó que cuando comencé a trabajar y vi el contrato, yo no era ni administrativa ni nada, vil engaño dado que mi puesto era de dependienta, la única del negocio, pero claro, como la necesidad obliga, pues lo acepté.  Así que allí estábamos todo puñetero día juntos hombro con hombro: mi jefe y yo, y mi jefe no era precisamente un cascabel.  Al principio él no se despegaba de allí ni con agua caliente pero luego se fue desentendiendo un poco y sólo iba un par de horas por la mañana y otro par por la tarde.
“Que salía a captar clientes”, decía, y el muy zorrón se iba a la universidad a esperar a la novia y meterse luego en un pub de alto standing a hacer manitas. La novia, joder con la novia, una don nadie que vio la oportunidad de su vida al relacionarse con una familia de prestigio. Además de insulsa, desagradable a la vista.
Mi jefe no vendía ni un triste frigorífico, ni una vil lavadora, ni un pobre congelador…. nada. Lo poco o mucho que se vendió el tiempo que el negocio estuvo abierto fue por méritos de una servidora. Y el muy aprovechado se ponía las medallas él.
Debería usted limpiar los cristales, me decía. Eso, encima de todo también de mujer de la limpieza. Y allí estaba yo, limpiando las cristaleras, sacando brillo a los electrodomésticos, limpiando el aseo…. y él mientras sin vender ni una escoba.
Un año duró el calvario. Pasado este tiempo un día, se presentó allí su hermano el abogado (ese hombre si que causaba respeto), y con buenas palabras me vino a decir que bueno, que lo sentía por mí (jejejeje, si lo sentía por alguien era por él), que “la cosa estaba muy mala” (la cosa no imbécil, tu hermano que es un inútil y no sirve ni para vender un ventilador), pero que el negocio no tenía beneficios y que tenía que prescindir de él, o sea, dicho vulgarmente “dar el cerrojazo” – pensé yo -. Vamos, que me daba la patada y me dejaba en la puñetera calle.
Bueno, si es que en el fondo me alegré. Si yo estaba hecha polvo y muertecita de pena de andar allí encerrada todo el día entre motores desconectados  sola y sin tareas que hacer, además de percibir un sueldo mínimo.
Pos mejor que mejor, que me dije yo. Y mira tú, cosas del destino, justo cinco días después encontré trabajo de secretaria de dirección en una gran fábrica de aderezo y envasado de aceitunas. Una gran empresa si señor.

Y tengo que decir que sin dolor, y sin pena ni gloria, Miguel Escacena Campos pasó a la historia.


 
 

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